Para esta interesante receta necesitaremos varios ingredientes, a saber:
-Una o dos cebollas.
-Dos o tres huevos.
-Harina.
-Aceite para freír.
Y nada más.
La preparación puede comenzar por el pelado cuidadoso de las cebollas, pues trataremos de conservar la piel más externa de la misma, es decir, los nomófilos superficiales de la planta, en pedazos de cierto tamaño. Al pelarlas, reservamos las cebollas y lavaremos los trozos de piel.
A continuación, mientras dejamos escurrir la piel de cebolla, batiremos los huevos en un plato hondo e inmediatamente pondremos una sartén con aceite al fuego.
Con el aceite aún frío, echaremos a la sartén la piel de cebolla rebozada en harina y huevo. Alternativamente, les iremos dando la vuelta cada cinco minutos. En cuanto comencemos a sentir cierto olor a quemado, retiraremos la sartén del fuego dejándo que los escalopes se enfríen en el propio aceite.
Con el interior de las cebollas y el huevo batido restante podemos preparar una rica salsa para acompañar los escalopes. Para eso, en un vaso de batidora, verteremos el huevo y las cebollas enteras. Se baten hasta que la salsa ligue, y se presenta como fondo de plato.
Sobre esta salsa descrita depositaremos los escalopes.
Se recomienda comerlos con los dedos.
(Estos escalopes también son muy buenos para las durezas de los talones. Basta con frotarlos con los escalopes hasta que estos se deshagan y dejar después los pies al aire durante unos minutos.)
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